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A dos milímetros bajo tierra se oyen gritos que nunca escuché


Podría hablar de cielos grises. Podría hablar de faldas escocesas a cuadros. Podría hablar de cementerios e historias paranormales. Podría hablar de verdes praderas, músicos callejeros y chimeneas. Podría hablar de pubs con música en directo. Incluso, podría tirarme el rollo y contar mil y una batallas de un Edimburgo que palpita cada verano con sus festivales. Podría sí, podría...

Podría hablar de los atardeceres desde el Carlton Hill. De las vistas maravillosas desde el Gigante dormido. Podría hablar de "La vieja friendo huevos" de Velázquez y de toda la colección de pinturas que alberga la National Gallery. Podría hablar de la oveja Dolly, disecada y dando vueltas como atracción de feria en el Museo Nacional de Escocia. Quizá podría hablar también del atracón de patatas con queso, los haggis que nunca probé o la morcilla que quiere hacer sombra a la de Burgos. Podría sí, podría...

Podría tirarme al cesped mojado por la lluvia. Podría tomarme la mejor cerveza negra. Podría reirme hasta de mi sombra rodeada de cuerpos a dos milímetros bajo tierra mientras anochece. Podría hacer cosas que ya he hecho. O tal vez no. Ya no podría.

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