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viernes, 16 de mayo de 2014

Por fin y después de veintimuchos años tuve ocasión ayer de acercarme a la Pradera de San Isidro. Lo cierto es que se agredece, pese a la aglomeración, ver muestras de reunión entre familiares y amigos. Ver caras de alegría, el olor de la parrilla, los chotis improvisados, la gente vestida de chulapa, el sentir madrileño junto con la mezcolanza de otros países, de otros rincones.

He aquí un reportaje de fotos, podéis ver el libro que he preparado junto con cuadros goyescos en Issuu, espero os guste, así como la galería completa en Flickr.






















sábado, 10 de mayo de 2014



El día siguiente a la Ruta del Cares también lo aprovechamos, esta vez para subir a los Lagos antes de poner rumbo a Madrid. Mi experiencia en ellos había sido en un día de niebla, pero esta vez pude verlos en todo su esplendor, con un cielo claro pintado de algunas nubes blancas.

Después visitamos La Santina en su cueva que estaba abierta y disfrutamos de los alrededores de la iglesia casi en soledad, y es que da gusto viajar entre semana y fuera de temporada.

Cerramos Asturias comiendo en Cangas de Onís, en un restaurante que conocía a pie del mítico Puente Romano, donde las fabes con almejas y el arroz con leche nos supieron a gloria bendita.








 
















viernes, 9 de mayo de 2014


Si había una ruta que llevaba en mi cabeza muchos años, esa era la del Cares, en Asturias. Enamorada de un paisaje de pintura de Haes (puede verse en el Museo del Prado), siempre soñé con formar parte de esas montañas. Hubo un pequeño amago en 2002 pero mis facultades físicas me lo impidieron en ese momento. Ahora, 12 años después y tras varios viajes a Asturias sin visitar la zona de los Picos, puedo decir que se han hecho realidad mis deseos. 

Fue un viaje relámpago, día y medio en Asturias con el propósito principal de realizar la Ruta del Cares desde Poncebos a Caín (ya en la provincia de León). Salimos con la fresca de Madrid, llegando al Hotel Garganta del Cares para dejar la mochila y emprender la ruta. Los primeros 50 metros fueron de infarto, con la nariz entaponada y el corazón sobre expuesto, creí que me iba a ser imposible superar aquello. Entonces, respiré hondo, dejé que mi pulso se recuperase y pude seguir tranquilamente la subida de 3 kms, despacito, a mi ritmo, me había costado acostumbrarme al aire puro de un lugar cargado de todo menos de contaminación.

Pasado ese tramo, fue coser y cantar, una maravilla de sendero donde uno se siente pequeño, insignificante. La vegetación se iba apoderando del paisaje a medida que nos aproximábamos a León, a medida que íbamos sintiendo el río Cares más cerca. Y así llegamos a Caín, pueblo semi perdido rodeado de cascadas, ideal para desconectar del mundo aunque lleguen taxis. Nos dimos el homenaje de una buena comida regada con Pote leonés y lomitos al queso de Valdeón terminando con una cuajada y miel que gritaban ¡casero! en nuestro estómago. La vuelta avecinaba tormenta, pero el tiempo quiso estar de nuestro lado una vez más. Se amenizó con una tertulia improvisada en medio de la nada con un matrimonio de irlandeses, encantadores, como suelen serlo por tierras celtas. Y así, con la satisfacción que dan 24 kms, terminamos la ruta en Poncebos, brindando con una botella de sidra natural en el hotel. La ducha y el sueño fueron reparadores... Ya sólo había que subir a los lagos y ver a la Santina en Covadonga. ¡Viva Asturias!






















Fotografías tomadas con BQ Aquarius y editadas con Camera 360




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