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Oxígeno


Oxígeno necesitamos todos, aunque últimamente parezca que lo necesite más que nadie. Extraño. Soy un producto de ciudad. Amo las calles. El ruido. El rugir de las cuevas empapeladas de publicidad. Las luces que se desenfocan a través de un viejo objetivo. Respirar el asfalto. Pisar los charcos del centro cuando en verano hay tormenta. Sentir la vida. Autómata, pero vida al fin y al cabo.

Oxígeno necesitamos todos, aunque últimamente parezca que lo necesite más que nadie. Aire. Jamás pensé que lo diría. Siempre renegué de una vida en el campo. Me iría. Ahora me iría. Abrir la ventana cada mañana y respirar. Sentir el verdor visitando cada centímetro de mi piel. Olvidar para qué sirve un semáforo...

Hoy dejé caer mi cuerpo sobre las calles empedradas. Dejé volar mi alma sobre los tejados de pizarra. Nadé por los arroyos de Valverde. Mojé mis labios en vino. Reí. Pero sobre todo me llené de oxígeno. De ése que necesitaba. Porque oxígeno, necesitamos todos, aunque últimamente parezca que lo necesite más que nadie.

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