Cuando llego a Almodóvar la vida contemplativa me arrastra, ahora son casi las 4 pero aquí sigo, esta foto la tomé hace un par de días sobre las 3, el sueño de la siesta me atrapaba. Termino de comer y mis ojos se cierran, la cama me llama. Me veo reflejada en el espejo del armario, en absoluto silencio, no hay alma que se atreva a pasear por la calle, el calor es demasiado sofocante, demasiado opresor. Y allí nos encontramos, la cama, el armario y yo. Orfeo grita mi nombre mientras aprieto el gatillo. -¡Espérame!- digo mientras mi mirada se cierra.jueves, 23 de junio de 2011
By Gema Sanchez Najera on junio 23, 2011
Cuando llego a Almodóvar la vida contemplativa me arrastra, ahora son casi las 4 pero aquí sigo, esta foto la tomé hace un par de días sobre las 3, el sueño de la siesta me atrapaba. Termino de comer y mis ojos se cierran, la cama me llama. Me veo reflejada en el espejo del armario, en absoluto silencio, no hay alma que se atreva a pasear por la calle, el calor es demasiado sofocante, demasiado opresor. Y allí nos encontramos, la cama, el armario y yo. Orfeo grita mi nombre mientras aprieto el gatillo. -¡Espérame!- digo mientras mi mirada se cierra.
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Que tarde muy poquito tiempo en volver a abrirse esa mirada...
ResponderEliminarMe gusta ese punto de visto muy... a ras!
ResponderEliminarMi mirada ya se ha abierto :-) gracias, J!!
ResponderEliminarGracias, Óscar!