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domingo, 31 de agosto de 2014



Ahora que estoy más metida en posts dedicados a los viajes, tengo la sensación de que mis fotos han perdido ese toque mío de entender esta disciplina para hacerlo más documental en pro de que los edificios, paisajes y rincones se vean lo más fieles posibles a la realidad. Pero, ¿qué realidad? ¿A la que estamos acostumbrados siguiendo unas normas de composición y colores? ¿La realidad que el propio fotógrafo quiere expresar? 

Pensando que había dedicado mucho más tiempo en retratar el viaje de forma más documental carente de personalidad, es ahora cuando revisando el portfolio me he topado con muchas imágenes que me representan tal y como soy. Aquellas donde pongo la mirada en detalles. Donde relego lo monumental a un segundo plano. Donde lo que me importan son las historias cercanas más que las grandes composiciones.

La Toscana da para ello. Dentro de esa sensación de proximidad, al fin y al cabo es como si nos adentrásemos en nuestra Castilla pero añadiendo más colinas y caminos al paisaje, es un lugar donde los pueblos se nos antojan casi iguales excepto por pequeños o grandes matices que los diferencian. A La Toscana le sientan muy bien las fotos, quizá aún más que lo que vemos con nuestros propios ojos. Sin embargo la sensación de frondosidad del paisaje me ha cautivado, con un verdor que pensé no encontraría en agosto.

Aquí os dejo varias fotos a la espera de un reportaje más amplio y por fascículos para "Los viajes de G". Espero disfrutéis viéndolas tanto como yo admirando todo aquello.

Reflejos de la Torre de Pisa

Dibujante en Pisa

Letrero en Pisa

Frente al Puente Veccio en Florencia

Puente Veccio, Florencia

Motos en Florencia 
Robado en frente del Palacio Pitti en Florencia

Cerca del Puente Veccio en Florencia

Dibujante en Florencia, cerca del Puente Veccio

Debajo del Puente Veccio

Robado en Florencia

Detrás de la Plaza de la Signoria en Florencia

Plaza de La Signoria en Florencia, los turistas como base de la escultura

Copia del David de Miguel Ángel en la plaza de la Signoria en Florencia

Desde el Palacio Veccio hacia la Plaza de la Signoria

Dentro del Palacio Veccio

Detalle del Rapto de Proserpina en la Loggia de la Plaza de la Signoria

Cabeza de Medusa del David de Cellini en la plaza de la Signoria

Detalle de escultura en la Loggia de la Plaza de la Signoria, Florencia

Heladería en Florencia

Bicicleta en Florencia

Otra bicicleta en Florencia

Detalle del cartel de Martini en Florencia

Detalle de un Tío Vivo en Florencia

Calle de Florencia con letreros típicos

Robado enfrente de la Estación de Florencia

Vista de San Gimignano

Tienda de San Gimignano

Detalle en San Gimignano

Reflejo de la plaza de San Gimignano en 600 nupcial

Reflejo de una de las torres de San Gimignano en 600 nupcial

Detalle en Volterra

Vista de una plaza en Volterra

Vista de Volterra desde las ruinas Estruscas

Las caravanas son muy típicas en La Toscana

Reflejo de una plaza en Arezzo

La gran plaza de Siena al fondo

Pozo en un patio de un palacio de Siena

Detalle de la gran plaza de Siena

Bicicleta en Siena

Calle de Siena

Paisaje típico de La Toscana y sus caserones

Paisaje típico de colinas en La Toscana

Detalle de ropa tendida en Bagnoregio, región del Lazio (no Toscana)

Detalle de una calle en Civita di Bagnoregio, región del Lazio (no Toscana)

La espectacular vista de Civita de Bagnoregio, región del Lazio (no Toscana)

Calle de Bagnoregio, región del Lazio (no Toscana)


También os quiero compartir un trabajo más personal si cabe, donde he ido recogiendo analogías entre las esculturas y las personas que se han ido encontrando con mi cámara.

martes, 17 de septiembre de 2013


A raíz del hastag #seismesesdeviajes, muchos me preguntan si voy a estar seis meses de viaje, pero la clave está en el plural. Lo que voy a intentar es marcarme siempre que me sea posible, esos viajecitos que solía hacer antes de fijar mi residencia en España para no salir en un año. 

Desde que me lo propuse, País Vasco y Oslo han sido los primeros destinos. La idea es continuar de aquí a fin de año con la misma filosofía. 

Siguiendo con el juego de plurales, no es lo mismo Aoslos que Oslo. Ese pueblecito que visitábamos toda la familia en verano para refrescarnos en su río. Siempre decía que algún día viajaría a Oslo y así ha sido. Conocía Bergen y Preikestolen, sus cascadas, lagos y fiordos, pero no había hecho parada en la capital noruega.

Ahora que la he disfrutado dos días, os puedo decir que es una ciudad de paso, un día es suficiente para conocer el Parque de las Esculturas, el Folkemuseum y ese gran edificio que es la Ópera. El museo Munch es un plus, pero no lo visité.

Si bien es cierto que un día es suficiente para empaparse de la ciudad, no cambio el haberme quedado dos noches. Primero porque nada más llegar desde Madrid, pude contemplar el atardecer hacia el fiordo de espaldas a su ayuntamiento, en un banco que nos estaba esperando para sentir la paz de una ciudad que se antoja tranquila.

Tampoco cambio la sensación de pasear por el Parque de las Esculturas a oscuras, sintiendo el misterio de un lugar donde sólo se oían los pasos de los que salen a correr a media noche. Espacio imponente, megalómano, abierto las 24 horas y cuidado, muy cuidado. 

Y por último, para seguir con nocturnidad y alevosía, caminar por la Ópera cuando todos duermen y sólo quedábamos los rezagados, no tiene precio. Sentir el silencio roto por un sueco que nos dio conversación, contemplar los edificios nuevos, sus luces iluminando el agua, la luna reflejada...

¡Os dejo con las fotos del viaje y el vídeo que he preparado, espero os guste! 




 



















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