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El sueño de una mañana de domingo


El domingo pasado estuvimos en Fitur, allí nos esperaba un taller de fotografía de viajes. El primer fotógrafo en intervenir fue Tino Soriano, todos le conocéis, no necesita presentación. Comenzó diciendo que para hacer buenas fotografías no hace falta viajar a lugares exóticos. Yo lo digo siempre. Nos empeñamos en ver la belleza en lo que desconocemos, pero no nos fijamos en lo que tenemos a dos pasos de nuestra cama.

O ni tan siquiera dos pasos, en la misma cama. 

Y con ello volvemos al domingo, pero no a este pasado sino al anterior. Luz del medio día entrando por la ventana, inundando nuestros rostros. Corro al despacho, cojo la cámara, le cambio el objetivo a otro más luminoso, quiero jugar con lo etéreo, tomo el 50 mm 1.4, de paso me acerco al salón y agarro un gorro de pelo, de esos calentitos, los mismos que acompañan al vodka. Retrocedo, vuelvo al despacho, pienso en usar de atrezzo una cámara antigua comprada por 4 perras en un mercadillo de Alicante. Regreso a la habitación.

La luz sigue en su sitio. Ajusto el diafragma, calculo el tiempo. Comienza el sueño de una mañana de domingo...


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